Por el Dr. Alonso Morales Rivero
Especialista en Psiquiatría
Centro Médico ABC

Estimado(a) Doctor(a) les compartimos la siguiente nota:

El cuerpo duele, ¿pero el “ser” también? Abordaje del dolor social

La vida esta llena de puertas abiertas pero eso implica que también haya algunas que se cierran y no en pocas ocasiones esos portazos, los asestan otras personas que nos importan. Todos los seres humanos en algún momento de nuestras vidas experimentaremos algún tipo de rechazo por parte de un amigo o de alguna persona en la cual se tenía algún interés romántico y simplemente dice no. Es de llamar la atención que esas dos letras poderosas que son capaces de frenar a los más valientes y hacer añicos a los más fuertes pueden generar tanto dolor como una fractura de fémur o incluso más, pero, ¿diferente?

Esta molestia que ocurre tras el rechazo es llamado dolor social. Desde el punto de vista semántico utilizamos las mismas palabras cuando hablamos de este tipo de dolor: “me lastimó”, “me rompió el corazon” o simplemente “me duele”. Tal vez lo más sorprendente es que existe el analgésico perfecto para estos momentos de sufrimiento.

El descubrimiento me tomó por sorpresa cuando lo leí en un artículo del New York Times un domingo por la mañana. A partir de esa lectura inusual me di a la tarea de buscar en revistas indexadas este llamado dolor social y su tratamiento.

La información es abrumadora. Estructuras como la ínsula anterior, la corteza dorsal anterior del giro del cíngulo, el tálamo y la sustancia gris periacueductal se activan tanto en el dolor físico o somático como en el dolor social. El Dr. Salvich menciona en su artículo publicado en Annals of Behavioural Medicine que pensar en la pérdida interpersonal y el rechazo altera la transimisión de señales del sistema opiode, que como sabemos, modula las experiencias del dolor físico. Incluso hay menciones de potentes procesos inflamatorios asociados al efecto del no y su consecuente asociación al rechazo.1

Ante este evidente traslape, algunos investigadores se dieron a la tarea de averiguar si los medicamentos que modifican el dolor tenían algún efecto en el dolor social. Y apareció un viejo conocido que se ha vuelto producto de primera mano en esta pandemia: su majestad el paracetamol.

Objeto de bromas y memes, el acetaminofén o paracetamol es una de esas sales que ha pasado del arsenal terapéutico de los médicos al uso común en la cultura popular. En varios estudios, incluyendo ensayos clinicos aleatorizados doble ciego y controlados, se encontró que el paracetamol era capaz de disminuir el dolor social.1,2

El Doctor DeWall de la Universidad de Kentucky plantea que el paracetamol actúa de manera central en la supresión del dolor por lo que promueve la modificación de mecanismos neurales y conductuales al rechazo social. Para demostrarlo diseñaron dos experimentos.1

En el primero, midieron el efecto de 1 gramo de paracetamol al día divido en dos dosis sobre la autopercepción de los sentimientos de dolor utilizando una escala especifica diseñada por Leary & Springer y lo compararon contra placebo.1

Los resultados concluyeron que el paracetamol es capaz de disminuir las sensaciones relacionadas al dolor social, a través de la modulación de las respuestas emocionales evocadas y no sólo funcionando como un supresor.1

En el segundo experimento, los investigadores examinaron los mecanismos por los cuales el acetaminofén disminuye el dolor social utilizando técnicas de resonancia magnética funcional. En esta parte del ensayo los participantes fueron asignados aleatoriamente a dos brazos. Al grupo experimental se le administró 1 gramo de paracetamol cada 12 horas y al grupo control la misma dosis, pero de placebo. Ambos grupos fueron sometidos a una tarea de exclusión social.2

Como se sospechaba, los pacientes que tomaron el paracetamol tuvieron menor actividad en áreas asociadas a los componentes afectivos del dolor como la corteza dorsal anterior del giro del cíngulo y la corteza insular anterior derecha. Los investigadores también midieron la actividad en otras áreas demostrando cambios en la red neural asociada al dolor. Por primera vez se demostraba la existencia de un analgésico social.2

Los hallazgos son interesantísimos y nos plantean nuevas interrogantes. Esto no quiere decir que el paracetamol sea la panacea o que se haya descubierto el hilo negro para los corazones rotos, pero sin duda nos hace pensar si la famosa división entre lo físico y lo mental no es tan evidente y es producto de un determinismo que se deba replantear cuando abordamos el dolor.

Al final el dolor es una experiencia subjetiva, no importa qué lo cause. Si no me creen, pregúntense que les dolió más: su primera fractura o su primer adiós.

 

Referencias:

  1. Slavich GM, et al. Alleviating Social Pain: A Double-Blind, Randomized, Placebo-Controlled Trial of Forgiveness and Acetaminophen. Ann Behav Med 2019, 53: 1045-1054.
  2. DeWall CN, et al. Acetaminophen Reduces Social Pain: Behavioral and Neural Evidence. Psychological Science 2010, 21(7): 931-937.